Conoce a tres personas que hacen de Barcelona una ciudad increíble

Muchos anfitriones utilizan los ingresos adicionales que consiguen al compartir su hogar para llegar a final de mes, viajar, o pagar sus facturas. En 2016, los anfitriones de Barcelona ganaron 167 millones de euros. Se estima que el anfitrión barcelonés típico gana 5.300€ anualmente y comparte su hogar 66 noches al año.

Además de apoyar a las familias locales, esta forma de viajar ayuda a promover las comunidades locales. Los huéspedes gastaron 860 millones de euros en el comercio de proximidad de Barcelona en 2016. De cada 100 euros gastados por los huéspedes, 40 euros van a negocios locales de los barrios en los que se alojan.

Nos gustaría presentaros a tres anfitriones que han abierto las puertas de sus casas a casi 500 viajeros de países de todo el mundo; huéspedes que ahora aman y respetan a Barcelona como si hubiera vivido en ella toda su vida.

Carme

Carme es una orgullosa embajadora de su barrio y de su ciudad. En los últimos dos años y medio, ha sido anfitriona de Barcelona gracias a Airbnb, una experiencia que, dice, ha cambiado su vida.

Carme aprovechó una habitación que tenía libre en su casa y empezó a recibir huéspedes. “Ha sido la mejor experiencia de mi vida, conocer a gente de otras culturas me ha hecho una mujer más abierta y tolerante”. También le ha permitido tener una relación más cercana con su hijo pequeño, que le ayuda con los huéspedes que hablan inglés.

Lo que Carme ofrece es mucho más que una habitación. Le encanta ayudar a sus huéspedes tanto como puede y pasar tiempo juntos. En más de una ocasión ha ido a cenar o ha salido a tomar unas copas por el barrio con ellos. A veces también cocina para sus huéspedes. “Les mando a las tiendas de cerca de casa a comprar patatas, huevos y jamón y les hago una tortilla de patatas increíble”.

Además de apoyar a las familias locales, Carme cree que todos los negocios deberían beneficiarse del turismo, no solo aquellos situados en zonas turísticas. Siempre recomienda tiendas y restaurantes en Les Corts, su barrio.

Javier

Javier es un anfitrión de 66 años que no nació en Barcelona pero que se ha sentido barcelonés desde el día en que llegó, hace más de 40 años.

Empezó a compartir su hogar hace dos años, después de necesitar un dinero extra para ayudar a pagar la matrícula de la universidad de sus hijos. Decidió utilizar una habitación extra en su piso, dado que vive solo, y aprovechar su entusiasmo natural para relacionarse con sus huéspedes.

Más allá de que personalmente disfruto recibiendo a gente de todo el mundo, creo en el potencial de este proyecto para mejorar la calidad de vida de los barceloneses”. Entre las ventajas del home sharing, Javier destaca que ayuda a muchos en su barrio, al extender los beneficios del turismo a los barrios periféricos.

Cuando recibimos a gente en nuestra casa, es gente que no saturará el centro de la ciudad. Súmale que comprarán en mi barrio y también irán a cenar por aquí, y eso marca la diferencia para nuestra economía local. Nuestros huéspedes son parejas, familias o viajeros solitarios que vienen aquí por Gaudí, la gastronomía o el fútbol, pero sobre todo, vienen aquí porque quieren vivir Barcelona como un vecino más.

Victoria

Victoria perdió su trabajo y pasó momentos muy duros para llegar a fin de mes durante la crisis económica. Afortunadamente, ha encontrado un nuevo trabajo, y usa los ingresos adicionales de alquilar una habitación de su casa como un importante complemento a su presupuesto familiar.

La flexibilidad de ser anfitriona a través de Airbnb significa que Victoria tiene mucho más tiempo para pasar con su hija y su nieta. Para ella, lo más importante de ser anfitriona es el respeto. “Siempre intento ser respetuosa con las diferentes culturas y el espacio personal de mis huéspedes. Y, a cambio, quiero que ellos me respeten a mí, a mi hogar y a mi ciudad”. Victoria tiene un perfil impecable, lleno de comentarios positivos, reconocimientos e invitaciones de sus huéspedes a hacerles una visita en sus ciudades.

Cuando se trata de asegurarse de que sus huéspedes tratan Barcelona con respeto, Victoria dice que no se trata de imponer unas reglas, sino de compartir su afecto por su ciudad. “Estoy enamorada de Barcelona”, dice, “si, cuando estamos compartiendo el desayuno, consigo transmitir esto a mis huéspedes, lo demás viene de manera natural.