Los hogares compartidos durante las elecciones Las políticas presidenciales del siglo XXI apuestan por la humilde tradición de los hogares compartidos

Antes de alojarse en la Casa Blanca, Lincoln pasó muchas noches en casa de sus partidarios. Aunque las comodidades de la mansión presidencial son muy envidiables, nos parece mucho más interesante señalar el papel que han jugado históricamente los hogares compartidos para los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos.

El potencial de esta iniciativa para las políticas presidenciales tomó impulso en 2008, año en que Barack Obama, gracias a un Airbnb que todavía daba sus primeros pasos, pudo ofrecer a sus partidarios un lugar donde alojarse en Denver para asistir a su discurso de aceptación a la nominación presidencial. «Creo que unas 80 personas alquilaron sus espacios», explica el cofundador de Airbnb, Brian Chesky. Empezaron a surgir alojamientos por toda la ciudad para los electores de clase media y trabajadora que querían ver a su candidato, lo que permitió disfrutar de unos ingresos adicionales a muchos ciudadanos de Denver con dificultades económicas en plena época de crisis.

Esos 80 alojamientos de Airbnb en Denver se convirtieron en más de 7000 durante las convenciones de nominación presidencial de 2016. Ese mismo año, uno de los candidatos gastó más de 50 000 dólares en alojamientos para su personal a través de la plataforma. Sin embargo, estos son solo algunos datos que siguen a una tradición de casi 200 años de antigüedad, en que los aspirantes a la presidencia de los Estados Unidos han usado hogares compartidos para poder acercarse a sus conciudadanos utilizando una alternativa más económica.

Lincoln

A finales de la década de 1830, Abraham Lincoln, que en aquella época ejercía de abogado y de juez, viajó por diferentes condados alquilando habitaciones e incluso, en algunas ocasiones, durmiendo en el suelo, compartiendo el espacio con al menos otro compañero. Tanto para Lincoln como para otros políticos que viajaban por una América mayoritariamente rural, compartir un alojamiento modesto era la única opción. El sector del hospedaje todavía no estaba tan desarrollado, así que solo podían contar con residentes de la zona que tuvieran ganas de acoger viajeros para intercambiar experiencias y ganar un dinero extra. «Prácticamente todos los miembros del juzgado cerraban las puertas de su casa de forma que se pudieran abrir desde fuera. Así, los abogados que viajaban por la zona podían acceder sin problemas», explica Ronald C. White Jr. en su libro, titulado «A. Lincoln: A Biography». «Además, como Lincoln trabajaba en varios juzgados rurales, se dio a conocer entre granjeros y comerciantes tras quedarse en sus casas».

Carter

Casi dos siglos después, los políticos siguen usando los hogares compartidos por las mismas razones: el intercambio de experiencias y los motivos económicos. Quizás, actualmente, más por la primera que por la segunda. En 1976, el gobernador de Georgia, Jimmy Carter, poco conocido hasta entonces, desplazó su campaña por las primarias a Iowa y se ganó el apoyo de los demócratas quedándose en casa de sus simpatizantes. La victoria de Carter (algo empañada por el hecho de quedar en segundo lugar, ya que la mayoría de los electores votó en blanco) sorprendió a todo el mundo e hizo que las votaciones en este estado empezaran a considerarse cruciales en las campañas presidenciales. A cambio, los ciudadanos de Iowa han disfrutado desde entonces de las ventajas de que los hogares compartidos jueguen un papel esencial durante las campañas a la presidencia de los Estados Unidos.

Gore

En el año 2000, el candidato de los demócratas a la cabeza de las encuestas y en aquel momento vicepresidente, Al Gore, pasó la noche con varias familias en Iowa y en otros estados para intentar compensar la reputación que le daban el hecho de haber vivido en la capital y haber ido a una escuela de élite. «Habíamos recaudado más fondos que ningún otro candidato», afirma el que fuera portavoz de Gore en aquel momento, Jano Cabrera. «No decidimos que se quedara en casa de profesores o enfermeros para ahorrar durante la campaña, sino para mostrar que era plenamente consciente de los problemas y las preocupaciones de las familias de clase trabajadora».

Se trataba de familias que vivían en zonas donde la votación podía dar un giro inesperado en cualquier momento, por supuesto. Según el registro de una de las estancias de Gore en el condado de Macomb, en Michigan: «Desde el momento en que se despertó, poco después de las 6 de la mañana, en casa de la profesora de sexto Claudia Amboyer […] hasta que salió de la escuela L’Anse Creuse Middle School North a las 14:15, Al Gore se sumergió en la vida de los estudiantes, los maestros, los padres y los trabajadores que constituyen la comunidad que rodea a la escuela». La noche anterior, Gore «se había quedado despierto hasta la madrugada, hablando sobre educación con Amboyer y su marido, Donald, y viendo juntos entre risas la entrevista que le habían hecho en el programa de televisión The Tonight Show, que se retransmitía aquel mismo día.

Dean

Algunos de los antiguos empleados del gobernador Howard Dean todavía recuerdan con cariño su entusiasmo por compartir alojamientos como forma de conectar con la gente y ahorrarse un dinero. «Decir que le encantaba es quedarse corta», recuerda Emily Wurgaft. «¡Se quedó hasta con mis padres! Y también en casa de Steve Grossman», comenta refiriéndose al expresidente del partido y exdirector de campaña de Dean. El director de estrategia del partido, Rick Ridder, recuerda una llamada del año 2002: «Howard me llamó para hablar de la política que se estaba llevando a cabo en Colorado en particular y en Estados Unidos en general. Durante la llamada, le pregunté dónde se quedaría a dormir. Me comentó que le gustaba quedarse en casa de sus partidarios, así que le ofrecí la habitación de invitados que tenemos en nuestro sótano. Aceptó y se quedó una noche a principios de agosto. Dos meses después, volvió». Dean todavía era gobernador de Vermont durante aquellas estancias. Un año después, en 2004, Ridder se convirtió en el director de la campaña presidencial de Dean.

Equipo de campaña

Los hogares compartidos también han tenido un papel esencial para el personal involucrado en las campañas presidenciales. Kathy Sullivan, presidenta del partido demócrata de New Hampshire de 2000 a 2008, acogió a personal que trabajaba para «candidatos en New Hampshire o en una campaña paralela y que habían sido destinados [al estado] porque sus jefes se presentaban a las elecciones para ser presidentes» y querían personal con experiencia local, comenta. Sullivan hospedó a personas «que acabaron trabajando para [los candidatos a presidente Bill] Bradley, Gore, [Dick] Gephardt y [John] Kerry».

«Ya hace tiempo que los ciudadanos de New Hampshire abren las puertas de su casa al personal de las campañas y a los candidatos», afirma Ken Robinson, que dirigió la campaña de Kerry allá por el 2004.

Poco a poco, compartir alojamiento a través de Airbnb también se está convirtiendo en una de las opciones favoritas de los equipos de campaña, en especial entre los simpatizantes con la economía colaborativa y el sector tecnológico. Un claro ejemplo es el de Bernie Sanders: durante la campaña, su equipo invirtió casi 50 000 dólares en alojamientos de Airbnb, según los últimos registros. El candidato predilecto de Sanders para ocupar un puesto en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos por Florida, Tim Canova, fue el tercer miembro en invertir más dinero en alojamientos de Airbnb (6000 dólares) de entre todos los que se presentaron a un cargo federal en 2016, superado solo por el propio Sanders y por la californiana Kamala Harris (12 000 dólares), favorita como sucesora de la senadora Barbara Boxer.

Entre los candidatos a la presidencia, la campaña de Donald Trump es la segunda con mayor inversión en alojamientos de Airbnb con una modesta suma de 2000 dólares, muy por detrás de la de Sanders. Por su parte, el equipo de Hillary Clinton gastó 1200 dólares. En lo que al senador Rand Paul respecta, la inversión en alojamientos de Airbnb durante su campaña presidencial y de reelección fue de 1700 dólares, aproximadamente.

Desde Denver hasta @GOPinCLE y @DemsinPhilly

La convención demócrata de 2008 supuso un cambio histórico para la iniciativa de los hogares compartidos. El mitin de Obama se trasladó del estadio de Denver al Mile High Stadium, considerablemente más grande, así que muchos de sus simpatizantes recurrieron a Airbnb para encontrar un alojamiento asequible. Airbnb no solo abrió las puertas de una vivienda a un candidato dispuesto a implicarse con la comunidad, sino que permitió que decenas de hogares acogieran con los brazos abiertos a sus partidarios.

Denver supuso un antes y un después para Airbnb. «La startup de moda para la Convención Nacional Demócrata», sentenciaba uno de los titulares de CNN.com. De la noche a la mañana, en medio de una grave crisis económica, cualquier ciudadano estadounidense podía ganar un dinero extra alquilando su casa o una parte de ella. Incluso a día de hoy, el 77 % de los anfitriones de Airbnb en Estados Unidos comparte la vivienda en la que reside habitualmente. En las diez ciudades más grandes del país, dos de cada cinco anfitriones afirman que los ingresos adicionales que obtienen hospedando les han permitido evitar un desahucio o una ejecución hipotecaria.

Denver fue solo el principio. Tras ella, muchas otras ciudades se beneficiaron económicamente de los ingresos que generaban algunas convenciones al enviar a un gran número de delegados a alojamientos de las afueras para recortar costes. Los medios de Cleveland y Filadelfia publicaron guías para los propietarios de la ciudad que estuvieran interesados en hospedar a los asistentes a la convención. «[A]lgunos delegados tendrán que pasar la noche lejos de [Cleveland]», mencionaba una de ellas. «Puede que no les haga mucha gracia. Al fin y al cabo, si vas a asistir a una convención en Cleveland, quedarte en Twinsburg, a una media hora en coche, no parece la mejor opción del mundo». Lo mismo ocurrió en Filadelfia: para poder acoger a todos los asistentes, la Convención Nacional Demócrata necesitaba 17 000 habitaciones de hotel cercanas cuando Filadelfia solo contaba con 11 000 dentro de los límites de la ciudad.

Poco antes de que tuviera lugar la convención republicana, el ayuntamiento de Cleveland votó a favor de que Airbnb pudiera recaudar y remitir los impuestos sobre el alojamiento en nombre de los anfitriones. Filadelfia tomó estas mismas medidas un poco antes, al contemplar la posibilidad de una visita del Papa Francisco en septiembre de 2015, además de la inminente convención. El equipo de Michael Nutter, alcalde de la ciudad en aquella época, lideró una campaña para conseguir que se aprobaran nuevas leyes con el objetivo de regular los hogares compartidos. De esta forma, la ciudad se beneficiaría del dinero invertido por los visitantes.

Las apenas 80 estancias que se reservaron con Airbnb para la convención de Denver en 2008 se convirtieron en casi 2000 para la de Cleveland y 5200 para la celebrada en Filadelfia en 2016. Según las estimaciones de Airbnb, el anfitrión medio de Cleveland obtuvo unas ganancias aproximadas de 1500 dólares durante la convención; en Filadelfia, esta cifra fue de unos 850 dólares.

2016

La creciente popularidad de los hogares compartidos acabó por convertirse en un tema de debate dentro de las propias campañas presidenciales. El candidato y senador Marco Rubio, que ya había demostrado antes su firme postura contra Cuba, pidió a los representantes del gobierno de Estados Unidos que hicieran mayores esfuerzos por promover el uso de propiedades de Airbnb en este país para que el dinero de los ciudadanos estadounidenses fuera a parar a los bolsillos de los residentes locales, en lugar de a los hoteles en propiedad del estado. (La visita del Papa Francisco a varias ciudades del mundo en 2015 convirtió a Cuba y a Filadelfia en dos de los mercados con mayor crecimiento de Airbnb.)

Al mismo tiempo, durante sus primeras declaraciones en profundidad sobre el programa económico que piensa aplicar si llega a la presidencia, Hillary Clinton reconoció que las empresas que participan en la economía colaborativa están creando «todo un mundo de posibilidades y promoviendo la innovación», y añadió que su influencia también plantea «dudas sobre la protección laboral y la calidad del trabajo en el futuro».

De hecho, la propia candidata recurrió a los hogares compartidos para conocer mejor a sus futuros votantes en 1999, durante su etapa como aspirante a senadora de Estados Unidos en Nueva York. Alquiló una casa en la región de Finger Lakes para visitar la Feria Estatal. Skaneateles, un pueblo de tradición republicana, la recibió con los brazos abiertos: «Si la señora Clinton se pasa por aquí de nuevo, será un placer enseñarle los secretos para coser una buena colcha», comenta Judi West, propietaria de Patchwork Plus, uno de los comercios locales.

Como demuestra la estancia de Clinton en Skaneateles, para llegar a la Casa Blanca es importante interesarse por otros hogares más modestos antes. Y, para cerrar el círculo, ahora cualquiera puede pasar la noche en casa de un antiguo candidato: concretamente, en el 429 W. de Second Street, en Lexington, Kentucky, donde se encuentra la última residencia de uno de los adversarios de Lincoln en las convulsas elecciones de 1860, el vicepresidente John C. Breckinridge. Hoy en día es un alojamiento de Airbnb.