Magda y Enrique, anfitriones: «Cuando recibimos a los huéspedes, es como reencontrarse con un viejo amigo»

Al cruzar la puerta de Magda y Enrique, puedes estar seguro de encontrar tres cosas: la más cálida de las bienvenidas, decenas de antigüedades y aún más fotos de Chloe, su nieta recién nacida.

«Aquí estamos, ¡aprendiendo a ser abuelos con 71 y 76 años!». Magda y Enrique se conocieron en 1968. Él era un cantante novel que ganaba todos los concursos versionando a Frank Sinatra y Tom Jones. Ella era la presentadora de uno de esos concursos musicales. Y por supuesto, ese día Enrique ganó.

«Yo era demasiado moderna, llevaba minifalda y plataformas en la Barcelona de los años 60 —explica Magda— y tenía muchas ganas de viajar por el mundo. Así que me fui a vivir al Reino Unido, ahorré, viaje por Sudamérica, y luego volví al Reino Unido para trabajar y ahorrar dinero para ir de viaje otra vez. Esa fue mi vida durante casi 20 años, pero mantuve la amistad con Enrique todo ese tiempo».

“Me gusta descubrir qué necesitan y ofrecérselo yo mismo. La bienvenida, esa primera impresión, es lo más importante”.

«Cuando mi madre tenía 70 años y cayó enferma, decidí volver a Barcelona para pasar sus últimos años con ella. Enrique acabó por pedirme matrimonio, pero yo no estaba lista y me volví a Escocia. Un año más tarde, tras docenas de postales, él vino al Reino Unido y me lo volvió a pedir. Acepté y no he vuelto a escaparme», explica, sonriendo a Enrique.

Para ayudar a pagar su hipoteca en Barcelona, comparten las habitaciones vacías de su hogar, primero con estudiantes que necesitaban pasar unos meses en la ciudad, y desde hace un par de años, con viajeros a través de la plataforma de Airbnb.

Enrique añade: «Me encanta conocer gente y hablar con ella. Me gusta descubrir qué necesitan y ofrecérselo yo mismo. La bienvenida, esa primera impresión, es lo más importante. Intercambiamos mensajes con nuestros huéspedes durante semanas, de modo que, cuando finalmente les conocemos, les abrazamos como si fueran de la familia. Magda siempre tiene café y limonada a punto para ellos».

«Yo he sido inmigrante —dice Magda—. Sé lo que se siente en una ciudad extraña, sin conocer el idioma. Así que empatizo mucho con mis huéspedes y se lo explico todo acerca de mi ciudad. Hospedar es una experiencia fabulosa, pero este otoño seremos nosotros huéspedes de Airbnb por primera vez».

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